miércoles 14 de marzo de 2007

El derecho de las bestias

Por Ignacio Fidanza

La fuerza es el derecho de las bestias, la frase me acompaña en estas horas difíciles, resuena una y otra vez, se va y vuelve, siempre vuelve. Nos destrozaron el sitio. Así de simple. Un año de trabajo, mucha plata invertida que no tenemos, que salió de nuestros sueldos y no de algún presupuesto oficial, perdidos. Tal vez algo se pueda recuperar, pero va a ser difícil y va a costar.

Pero eso no es lo más grave, lo que nos pasó es insignificante en si mismo –somos apenas un medio bisoño, pequeño, amateur, voluntarista-, lo que preocupa es que fuimos una víctima más de algo mucho más amplio y serio: una práctica y una idea de conducción del Estado.

Es tan triste como real. La patoteada y el apriete son la conducta pública y aceptada de bestias con chapa de funcionarios públicos. Para desgracia de todos, con La Política Online pasaron una raya que hasta ahora venían manejando con algún cuidado: de las amenazas cotidianas a la acción directa. Nos hackearon y rompieron el sitio así como todas mis casillas de mail, que directamente fueron eliminadas, desaparecidas. El mensaje no pudo ser más claro. Ya no se trata de espiar o amedrentar.

Claro que tenemos pistas e información del origen del ataque. Se originó en el Gobierno y en un Ministerio en particular. Hubo apoyo de ex integrantes destacados de la maldita policía bonaerense que reciclaron sus servicios y se convirtieron en “consultores”, así como algún grado de asistencia de una conocida firma de computación, beneficiada con millonarias licitaciones. Todo esto se ira informando en su medida y armoniosamente.

Por supuesto que semejante engranaje no se constituyó para atacar a La Política Online y esto es lo más grave. Es así de simple, en el gobierno que se llena la boca con la defensa de los derechos humanos, tienen su propia fuerza de tareas informática para disciplinar a aquellos que no están a tiro de pauta.

Uno de los periodistas más informados y respetados de este país fue muy claro: “Me enteré lo que les pasó y se de donde viene. Esto sólo puede provenir de una bestia en especial, que amenaza abiertamente a distintos sitios cuando publican algo sobre él. Les dice: ´Bajá eso ya o te destrozo la página´. Esta bestia tiene hackers trabajando para él”.

El periodista dio el nombre del ministro. La Política Online va a denunciar el ataque a la Justicia Federal. Una experimentada fuente judicial sugirió ese curso de acción: “Presenten la denuncia, los ministros pasan, pero las causas quedan, algún día va a dejar el poder”. Es triste pero real: en la Argentina la justicia avanza más rápido cuando dejan el cargo. Algo es algo.

¿Qué fue lo que molestó tanto? Lo de siempre, lo único que verdaderamente molesta: la información. Pura y dura. No es la opinión, ni la burla, ni la crítica política. En este gobierno de impunes ya nadie cometa la estupidez de preocuparse por su honra. La información es otra cosa. Lo importante es que no trascienda. Como el índice real de inflación o el precio de la carne o el costo de la salud. Mentir, mentir.

Los lugares comunes por algo lo son. Nunca tan claro aquello de que los amigos se ven en las malas. Son lo que llaman, no los que se esconden; son los que se enteran, los que no se distraen, los que no se escudan en la solidaridad secreta. “Estamos con ustedes, pero no vamos a poder decir nada, ustedes entienden”. Claro que entendemos, el silencio es el cómplice preferido del miedo.

Miserables con poder hubo y habrá. Y lo pierden, tarde o temprano lo pierden. El tema es ceder o no ceder. Los que no aceptan que la presión económica o directamente las amenazas, la extorsión y la violencia son la vía de imponer políticas, siempre fueron los que hicieron la diferencia. Claro que tiene un costo y a veces es insoportablemente alto. Más fácil es mirar para otro lado, tragarse el sapo y seguir viviendo tranquilo.

¿Cómo sigue esto? Peleándola. Nos tiraron una bomba y ahora hay que absorber con tranquilidad el golpe, salvar lo que se pueda y volver a empezar. Pero aprendimos y mucho. Vamos a esforzarnos por ser más cuidadosos, más duros y más inteligentes. Ellos, en el fondo saben que están de paso, que algún día van a tener que pagar la cuenta y ese es el pánico que disfrazan con la patoteada.

No fue nadie

El diputado nacional Eduardo Arnold, que fue vicegobernador del presidente Néstor Kirchner en Santa Cruz, envió a La Política Online mucho más que una adhesión: un verdadero y valiente alegato político en defensa de la libertad de expresión.

Por Eduardo Ariel Arnold

En los últimos años en la Argentina se dieron diferentes noticias que reflejaron ataques a la libertad de expresión de nuestros periodistas. Todas tuvieron la misma respuesta por parte del máximo encargado por garantizar este derecho de los denominados de tercera generación. Por lo menos así los definía el actual Secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, en su cátedra de la Universidad de Buenos Aires. Pero ahora es distinto, a nadie le importa lo que digan los manuales y tratados internacionales porque como dice el Ministro del Interior, Aníbal Fernández, resultan " ser agoreros que quieren perjudicar al gobierno".

Después de años, sin importar la opinión de la gente, levantaron los programas de Víctor Hugo Morales y Pepe Eliaschev de Radio Nacional. No fue nadie o nadie dio la orden. Jorge Lanata no tiene aire televisivo y tampoco fue nadie. Es más el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dice que le ofreció la pantalla de Canal 7 para que diga lo que piensa en los medios, como les gusta decir, del Gobierno y no del Estado. Esos mismos medios de gobierno que la semana pasada en Santa Cruz levantaron un programa infantil luego de 14 años frente al micrófono de LU14, Radio Provincia, porque su conductora imploró (y es literal) porque se escuchara el reclamo docente que, solo en Río Gallegos, concentró a 2000 personas. En este caso tampoco nadie dice o quiere decir quien es el responsable.

Ayer, el sitio La Política Online fue hackeado. Antes de que cayera, publicó una nota sobre una interna entre el presidente y su Ministro del Interior, Aníbal Fernández, tras el nombramiento de un comandante de Gendarmería. Un cartel rojo reemplazaba los contenidos de la página, en el que se amenazaba con frases del tipo " Por el bien del periodismo independiente, dejate de joder". Mensajes similares reciben diariamente mis colaboradores cuando envían algún mail con una noticia critica. Seguramente tampoco fue nadie.

Ahora :¿No resulta extraño que estos hechos les ocurran a quienes leen, envían, o emiten opiniones contrarias a la precaria política de comunicación del gobierno?; ¿Esto ocurrió siempre en la Argentina o principalmente en las épocas denominadas de "persecución política y ciudadana"?

Tampoco nadie quiere explicar porque a medios con bajísima participación en el mercado y sin fines comunitarios se les otorga altísimas sumas de dinero de publicidad estatal y a otros con mayor tirada, como el diario Perfil y sus revistas, no. En realidad la explicación la encontramos en el histórico y peligroso concepto, al que este gobierno adhiere, sobre la publicidad.

Por ejemplo, el Jefe de Gabinete considera que la publicidad es del gobierno y no del Estado (es decir de todos nosotros), y por eso dice que "Nadie le puede obligar al gobierno en donde hacer publicidad". Es claro pero sería interesante que el Estado, (o sea todos nosotros), únicos dueños del presupuesto nacional, pudiéramos aunque sea opinar sobre una parte de los 150 millones que se reparten. Es decir, entender el criterio de asignación publicitaria que se está manejando en la política comunicacional del gobierno. Claro que para esto primero deberíamos tener una política de comunicación que incluyera conferencias de prensa, pluralidad informativa, voceros del gobierno que cumplan su rol y las promesas iniciales olvidadas como la Ley de Radiodifusión.

Para entender alguien tiene que dar explicaciones pero nadie esta dispuesto a otorgarlas. A esta altura no vaya a ser que, como se sospecha de los fondos de mi provincia, no las tengan.

La Nota que enojó al Gobierno

Esta nota no puede leerse en el destruido sitio de La Política Online porque curiosamente los hackers borraron toda la información del pasado domingo cuando fue publicada. Aquí la reproducimos para nuestros lectores.

KIRCHNER DESAUTORIZÓ MUY MAL A ANÍBAL

El presidente nombró por decreto un comandante de Gendarmería resistido por el ministro.

Que las acciones de Aníbal Fernández en el kirchnerismo están en baja no es un secreto para nadie. Lo novedoso es que el propio Néstor Kirchner se encargó de dejarle en claro a su ministro del Interior que sus días en el poder ya no serán lo que fueron, y lo hizo de la manera en que más duele: la brutal desautorización.

El tercero involuntario en esta obra –por las características de los personajes más cercana a la comedia que al drama que suele utilizarse para abordar los asuntos de gobierno-, es el comandante de gendarmería Roberto Oscar Caserotto.

Caserotto es un viejo amigo de Kirchner con acceso directo al despacho presidencial. Para tener una idea de la cercanía basta decir que ambos se tratan con el familiar “flaco”. “¿Qué haces flaco?, “Bien, ¿Cómo andas flaco?”, suelen ser las primeras palabras de sus frecuentes diálogos.

El tema que disparó la discordia fue, previsiblemente, el ascenso de Caserotto. En las puertas de ser nombrado con el cargo máximo de su fuerza, esto es Comandante General, Caserotto sufrió la sorda impugnación de Aníbal Fernández, quien habría movido los hilos para que la junta evaluadora rechazara su promoción.

Fue así que, en un trámite muy poco usual, su ascenso fue rechazo por el rápido expediente de considerarlo “no apto” para el cargo.

¿Por qué Aníbal Fernández podría estar interesado en trabar el ascenso de un gendarme respetado y amigo del Presidente? Muy sencillo: Porque no le responde y su promoción lo coloca directamente en las puertas de ser el próximo jefe de la Gendarmería.

Como se sabe, formalmente la Gendarmería depende del Ministerio del Interior. Pero lamentablemente para Aníbal, el primer jefe del kirchnerismo Pedro Pasteris, llegó al cargo por recomendación de Julio de Vido. Luego renunció en medio de un escándalo por sus presuntos vínculos con la Dictadura, que según comentan en la fuerza fue filtrado a la prensa desde oficinas muy cercanas al Ministerio del Interior.

A Pasteris lo sucedió su segundo, Héctor Bernabé Schenone, un especialista en narcotráfico con buenos contactos en la embajada de Estados Unidos, un vínculo que suele cultivar con fruición Aníbal Fernández.

Pese a que su nombramiento no estuvo directamente impulsado por el ministro del Interior, Schenone hizo buenas migas con Aníbal Fernández y le garantiza una serie de cuestiones, como cierta injerencia en la estratégica Dirección de Finanzas, que en caso de su reemplazo podrían peligrar, para angustia del ministro.


Por decreto

Pero volvamos a la particular historia del tercer hombre de esta novela. Enterado de su frustrado ascenso Caserotto, presentó por las vías pertinentes un reclamo de insistencia para que se le autorice la promoción, hizo los llamados del caso, y luego de tirar la bomba, tuvo la delicadeza de emprender un largo viaje por la lejana China.

El 28 de febrero de este año, el desayuno se le atragantó de mala manera al locuaz Fernández. Allí, en el mismísimo Boletín Oficial pudo leer el decreto 182 del 2007, por el que en una decisión insólita y con pocos antecedentes históricos, el propio Presidente de la Nación, disponía el ascenso de Roberto Oscar Caserotto al grado de Comandante General, el mismo que ostenta Schenone.

El derecho administrativo argentino tiene pocos antecedentes de una “puenteada” tan explícita y brutal a las competencias de un ministro. Por no hablar de la particularidad de que un Presidente decida por si mismo promover a un gendarme, cuyo ascenso ya fue rechazado por la respectiva junta evaluadora.

Si bien la aparición del decreto en el Boletín Oficial sorprendió a Aníbal, el hombre ya estaba avisado, el propio Kirchner hizo que le giraran el decreto con la resistida promoción, para que le estampara su propia firma. Casi un acto de crueldad innecesario.

¿Y ahora? Más allá de la frágil situación del ministro, por estas horas es en la propia Gendarmería donde la desorientación es mayúscula. “¿Y ahora con quien se supone que tenemos que hablar? ¿Si Caserotto es el hombre del Presidente, y eso quedó clarísimo, para que vamos a seguir atendiendo a Schenone?”, fue la razonable reflexión de un gendarme con acceso a los principales despachos de la fuerza.